Tus hij@s te necesitan a ti, todo lo que ya les das como madre.

 

No caigas en la trampa de esta exigencia que , a veces, nos nubla la razón.

Cuando estás agobiada, estresada, superada por muchas situaciones, te ves gritando a los niños, corriendo, y sin el control de la situación... Miras con envidia a esas madres que te parece que tienen todo tan perfecto y bajo control

¡Nos pasa a todas!

 

En un momento de mi vida caí en la trampa de intentar ser “superwoman” y …no daba a basto. Por más cosas que hacía, no llegaba. Me generaba un alto grado de frustración y ansiedad, sin aportar nada positivo a mi familia, todo lo contrario. Y un día que me di cuenta que no era necesario. ¡Fue una de las mejores decisiones de mi vida! ¡Qué liberación!

La perfección, solo lleva al estancamiento. Cuando eres perfecta, no necesitas aprender nada más. Cuando eres perfecta, no tienes que hacer las cosas de otra manera, ni cambiar, ni evolucionar, ni aprender ¿Para qué? Si eres perfecta.. La gestión de tus hijos, perfecta, de tu pareja, perfecta, la gestión de tu vida, perfecta, de tus emociones perfecta…

 

Huye de intentar ser “la madre perfecta”.

Si le quitamos el adjetivo y lo dejamos en  “MADRE ”, tiene un sentido muchísimo más amplio, engloba realmente lo que es su esencia. Toda la fuerza de su amor incondicional.

El tomar conciencia de nuestra “imperfección” es lo que nos hace evolucionar porque nos lleva al cambio, a la evolución, a querer hacer las cosas mejor, a buscar nuevas soluciones, a que sea algo dinámico, activo, a priorizar.

Cuando enriqueces tu vida con aquello que te gusta, te rodeas de personas que te quieren, te preocupas por aprender, formarte, entender , escuchar desde el corazón. Te ayuda a sentirte mejor contigo misma y quererte más.

 

Recuerda que tus hij@s te quieren a ti, en tu globalidad. Por eso, cuando tú te cuidas y estás bien, ell@s están bien.

 

 

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